

Ya ni recuerdo a dónde vamos
Metas y más metas. De verdad me sorprende la falta de ellas en las personas y en las organizaciones. Es importante entender que tanto en nuestra vida personal como en nuestras organizaciones, estamos llamados a lograr cosas que nos propusimos, no simplemente a trabajar por trabajar porque «así lo hace todo el mundo». Estamos donde estamos porque queremos llegar a otro lugar; un lugar donde no solo nosotros, sino también nuestros equipos y organizaciones, podamos estar mejor.
Guiar a muchas personas hacia la gran satisfacción de lograr cosas en la vida es un privilegio. Eso son las metas: decir «¡Vamos a lograr esto!», «¡Después aquello!», «¡Luego expandirnos, aprender, crecer, ser mejores y ayudar más!» Pero todo esto debe hacerse siempre con una meta clara.
Por ejemplo:
Quiero vender tanto.
Quiero ganar tanto en tal periodo.
Quiero lograrlo con tales atributos.
Además, es fundamental medir periódicamente nuestros avances y también reconocer los retrocesos y los retos a enfrentar.
Te propongo un ejercicio muy sencillo: plantéate dos o tres metas a corto o mediano plazo. No importa cuáles sean, pero hazlo. Por ejemplo:
Bajar de peso: define cuántos kilos y para cuándo.
Vender más: establece un objetivo anual.
Planear un viaje: junta el dinero, pon la fecha y organiza todo adecuadamente.
En el caso de tu empresa, fija metas claras y define los proyectos necesarios para alcanzarlas. Asigna los equipos adecuados para ejecutarlas. Esta sinergia de logro es contagiosa: te mantendrá enfocado en lo que quieres alcanzar y atraerá talentos valiosos que contribuirán al proceso. Todo esto generará un ciclo virtuoso de crecimiento para ti, tu organización y el entorno que te rodea.
El resultado: construirás organizaciones y familias que mejoren nuestras comunidades y países, haciendo de ellos lugares más agradables para compartir la gran experiencia que es vivir.
Por lo tanto, te invito a fijar esas metas ya y a iniciar una ruta de crecimiento sin precedentes.